OFRENDA AL TEMPLO PARTHENON

Cinco siglos había de recorrer aún la Humanidad en su dramático peregrinaje antes de que la Cruz, signo degradante de suplicio y muerte, se hiciera el símbolo de redención y vida, y proyectara su mensaje de Paz, de Amor, de Tolerancia y Comprensión entre los Hombres; mensaje aún no comprendido, negado aún en su esencia.

Quinientos años faltaban para que fuera dicho el Sermón de la Montaña, cuando ya la Civilización y la Cultura Griega iluminaban la Elade.

 

Cuando los Arquetipos de esa Cultura y Civilización tenían el Genio creador de los Dioses que en remotas edades habían bajado del Olimpo, tenían las proporciones geniales de los Hombres. Y en la creación portentosa de sus Obras, que abarcaba el pensamiento en sus disciplinas varias, y el dominio del conocimiento de Ciencias y Artes; había en la concepción de su Templo, tal compendio de Grandeza y Armonía que cabe pensar si fueron Hombres los que los levantaron en Homenaje a sus Dioses, o si fue que los Dioses los construyeron en reconocimiento al Genio y a la Sabiduría de los Hombres.

 

Y así fue que en la cima del Acrópolis, Pericles, ¡El qué le dió su nombre a un Siglo! tuvo la concepción genial de un Templo dedicado a Atenea, Diosa de la Sabiduría y de las Artes.

 

Fue en la cumbre de la Antigua Ciudadela de Atenas, ofreciéndose a la admiración de los Hombres y como desafío al Tiempo, que fue levantado entre el Erectión y la Pinacoteca: ¡El PARTHENON!

 

Y fue del Monte Pentélico, en la Montaña de Atica, de donde extrajeron nuestros antepasados, Aprendices Masones Operarios, el más puro mármol blanco, que en las manos expertas de los Compañeros, fue tomando forma el Templo Períptero, de Belleza Eterna. Y, fueron las Columnas que, en el más antiguo de las Ordenes Arquitectónicas, el Dórico, hicieron del Parthenón un milagro de equilibrio geométrico y de Sublime Inspiración.

 

Y si la concepción fue de Pericles, correspondió a Fidias, genio de la Arquitectura, de la Ingeniería y del Arte, y a los no menos notables Arquitectos Ictino y Calicatres; realizar el milagro de trasmutar la Arquitectura en Escultura, y una vez más el Espíritu Griego se hizo un Mensaje. Porque fue la Armonía de lo Ideal y lo Real, lo Momentáneo y lo Eterno, la perfecta convivencia de la Razón y la Idea, el Sentimiento y la Emoción.

 

R:.H:. Julio César Gaviño Illescas
P:.V:.M:. de la R:.L:.S:. Parthenón Nº4

 

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